Se suele decir que la cara es el espejo del alma y debe ser, porque refleja mejor que nada estado emocional de cada persona. Es como un espacio interno, pero que se hace visible con frecuencia, cuando se producen determinados momentos o sucesos.
En los últimos días, el estado emocional ha corrido parejo a cierta convulsión hasta en los medios de comunicación, pues las sorpresas se adelantaban a las noticias. Se ha vuelto a poner de manifiesto que las noticias a través de la red circulan con una rapidez que hace imposible que no estemos todos enterados de lo que ocurre prácticamente de inmediato, por lo que las sorpresas las podemos conocer todos en los mismos tiempos y con igual contenido.
Casi se podría decir, que las noticias publicadas hoy en la red; mañana se convierten en pasado.
La remodelación y los cambios en el Gobierno de España nos cogieron con el paso cambiado. Las improvisaciones, las urgencias, los cambios consiguieron que sintiéramos curiosidad o interés por conocer el contenido; en todos los ámbitos se producían inmediatamente reacciones a la sorpresa, porque la noticia por sí sola, ya había conseguido que tuviera efecto; y vaya efecto.
Los cambios han tenido no sólo un efecto mediático sino que, sobre todo, han tenido un efecto en el partido popular tanto, por lo que han opinado cómo por la cara que se les ha quedado.
Si a la sorpresa se unen los comentarios distendidos, supuestamente a micrófono cerrado, que una determinada cadena de televisión hace públicos, la cara no sólo es un espejo natural que refleja un estado emocional, sino mucho más que eso.
En cualquier caso, parece evidente que la noticia ha despertado tanto interés en el partido de la oposición, que inmediatamente la consigna se despertó de su letargo y la maquinaria respondió que había que seguir hablando del libro, de su libro. Qué poca sensibilidad demostrada, buscar la comparación con un libro para no mirarse la cara al espejo.
Si a nivel nacional había que seguir hablando del libro de la generación de desconfianza, de seguir enviando mensajes de pesimismo y catastrofismo; en la región había que seguir hablando de manera parecida y aquí los términos se ampliaron, hablando de ruina.
Pero aquí, la notica no nos sorprendió. Se presentaron los presupuestos de la Comunidad para el 2.011 y antes de conocerlos, ya estaban hablando de ellos. Se había reclamado conocer las cuentas autonómicas antes de hablar de ellas, pero el mismo día que fueron presentadas en la Asamblea, ya eran definidas como un proyecto presentado a la desesperada; sin conocerlas, ya las habían definido.
Se esperaba la noticia, pero un año más nos quedamos sin conocer qué piensan sobre la sanidad, la educación, la dependencia, el empleo, las políticas sociales y, en general, sobre las materias que junto con otras políticas conforman los presupuestos de la Comunidad.
Porque presentar una enmienda a la totalidad es lo único que se atreven a hacer. Es una manera de esconder su incapacidad y su falta de alternativa, para no tener que demostrar que carecen de propuestas.
No sorprenden, han vuelto a hacer lo que vienen haciendo cada año. Demostrar su desinterés, un “corta y pega” anual en el que sólo se cambian las fechas y algunas cantidades.
Pero los ciudadanos tenemos el derecho de conocer cómo destinarían los recursos públicos, cómo definirían las políticas sociales, cómo repartirían los presupuestos y sobre todo tenemos el derecho de conocer cuál sería su propuesta en una situación de dificultad y complejidad como la que estamos atravesando. Los ciudadanos tenemos el derecho de conocerlo y los que aspiran a ser alternativa, el deber de presentarlo y proponerlo.
En esta ocasión, como en otras a lo largo de esta legislatura, el espejo popular ha vuelto a presentarse con las mismas caras y, nuevamente, nos quedaremos sin conocer su posición; pero el reflejo demostrará que ante la falta de propuesta, seguir hablando del libro no hará que cambien las cosas.